viernes, 29 de septiembre de 2017

La función de Compliance garantiza el cumplimiento de la normativa

Miguel Linares Polaino

Actualmente la función de Compliance es una de las más demandadas del mercado español y ello no solo porque existan normas que establezcan su necesidad, sino también porque cada vez se exige más confianza y credibilidad en los productos y servicios que ofrecen las compañías, siendo necesaria la existencia de especialistas en esta materia que velen por el efectivo cumplimiento de las normas que en cada caso resultan de aplicación.
El Compliance nace en el mundo empresarial anglosajón, en concreto en Estados Unidos cuando, tras sonados casos de fraude y corrupción como el de Enron, WorldCom o Parmalat, se empezó a demandar públicamente un incremento en la regulación de las compañías, incluyendo la obligación de establecer controles efectivos que evidenciaran que las normas efectivamente se estaban cumpliendo.
En España, la función de Compliance surge debido al volumen creciente de normas que las empresas deben cumplir, las cuales son cada vez más complejas, así como debido al hecho de que en ocasiones el entramado legal parece insuficiente, siendo de vital importancia el establecimiento de códigos éticos que van más allá de las exigencias legales.
El Compliance nace en Estados Unidos tras los casos de fraude de Enrom, Worldcom o Parmalat

En efecto, las empresas tienen dos tipos de obligaciones que deben cumplir. Por un lado, se encuentran las que están obligadas a cumplir por exigencias de la Ley y, por otro lado, están aquellas que las propias empresas eligen voluntariamente cumplir. Dentro de estas últimas encontramos las políticas y procedimientos internos, los compromisos con clientes, proveedores o terceros, así como los códigos éticos y de conducta de la empresa.


La función de Compliance debe velar por el cumplimiento tanto de unas, como de otras obligaciones, por lo que su cometido no se limita exclusivamente al cumplimiento de las normas legales, sino que engloba, además, la adecuación de las conductas a los principios y valores que la empresa ha asumido de manera voluntaria.
Cabe destacar además que, a pesar de que en los últimos años el interés por el Compliance se ha centrado en el Compliance Penal debido, sobre todo, a la introducción en el Código Penal de la responsabilidad penal de la persona jurídica, el Compliance no sólo se ciñe a evitar que la empresa o sus empleados cometan delitos en el desarrollo de su actividad. En efecto, aunque la prevención de delitos es una parte fundamental de la función de Compliance, no es su única responsabilidad.
Coordinar los sistemas de gestión de riesgos
Hablar de Compliance es hablar de garantizar el cumplimiento de toda la normativa aplicable a cada empresa en cuestión, en función del riesgo a que esté expuesta por la actividad que desarrolla y la jurisdicción en la que opere. Esa normativa puede ser desde la relativa a la protección de datos de carácter personal, a la prevención de riesgos laborales, el derecho de la competencia, la relativa a la prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, la legislación medio ambiental o la responsabilidad social corporativa, entre otras. Sobre las mismas, en las medida en que les resulte de aplicación, las empresas deberán desarrollar sus sistemas de gestión de riesgos.
Si bien es cierto que los sistemas de gestión de riesgos de incumplimiento de las normas en las empresas no son una novedad, hasta ahora los mismos estaban fragmentados, esto es, que cada uno se ocupaba de la regulación de una determinada materia o bloque normativo, lo que daba lugar a enormes ineficiencias, pues o bien ello suponía una multiplicación de las políticas y controles o bien daba lugar a una total inexistencia de los mismos. Gracias a la función de Compliance se crea una función que aporta cohesión y que supone coordinar las acciones de cada uno de esos modelos de gestión fragmentados.
Sin embargo, la función de Compliance no corresponde exclusivamente a una persona o equipo dedicado a esta tarea con mayor o menor exclusividad, sino que el Compliance, para que sea efectivo, requiere un compromiso por parte de todos los empleados, así como de la alta dirección de la sociedad.
Compromiso de la cúpula con la cultura de cumplimiento
Así, la cultura de una empresa define la forma en la que esta actúa y se comporta, por lo que la cultura de cumplimiento supone el que la empresa tenga, como forma de hacer las cosas, el hacerlo cumpliendo con sus obligaciones externas e internas y para ello, es necesario el compromiso activo, visible y coherente de la alta dirección de la empresa. En efecto, el Compliance comienza en la cúpula de la organización y solo será efectivo si en la misma existe una cultura de cumplimiento que enfatice los estándares de honestidad e integridad y en la cual los miembros del órgano de administración y de la alta dirección lideren a través del ejemplo.
Además, una de las principales responsabilidades de la alta dirección respecto de la función de Compliance es garantizar que toda la organización conozca al responsable de esta función, lo respete y lo integre en los procesos de negocio.
Toda la organización debe conocer al responsable de esta función, respetarlo e integrarlo en los procesos de negocio

Igualmente, en la medida en que la función de Compliance debe adaptarse a las circunstancias de cada organización, debe disponer de estructuras y recursos proporcionales a las mismas, correspondiendo al órgano de administración asignarle los recursos materiales y humanos suficientes para el desarrollo de sus cometidos esenciales.
Esta función debe estar dotada de la autonomía suficiente para desarrollar sus cometidos esenciales sin precisar mandatos específicos para ello. A tales efectos, el órgano de administración de la organización le delegará facultades y competencias suficientes para desarrollar sus cometidos de manera continuada y sin precisar autorización, siempre con objetividad, imparcialidad e independencia. El órgano de administración de la organización dotará igualmente a la función de la autoridad y legitimidad suficientes para que pueda recabar en cualquier momento la información o acceder a los registros y documentación que precise para el desarrollo de sus cometidos.
Máxima independencia
Cabe añadir que la función de Compliance debe estar dotada de la máxima independencia, de forma que su juicio y modo de proceder no estén condicionados por cuestiones que le impidan o dificulten desarrollar libremente sus cometidos esenciales para la consecución de los objetivos de Compliance, ni por temor a represalias.
Consecuentemente, una empresa que destina recursos a la función de Compliance y garantiza su autonomía, está invirtiendo no solamente en evitar los riesgos y costes de la comisión de infracciones, sino además, en la imagen que proyecta a sus proveedores y clientes, que confiarán más en contratar con ella por sus prácticas íntegras y transparentes, que con sus competidores sobre los que no exista esta evidencia de cumplimiento y comportamiento ético. Por lo tanto, la función de Compliance es una inversión a futuro, que interviene en la rentabilidad de las empresas, de ahí su necesidad.

FUENTE: Guía Financiación Empresarial


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