jueves, 29 de junio de 2017

Juan Pablo Regojo Balboa, Director de la Unidad de Cumplimiento en Grupo Nueva Pescanova

A partir de la entrada en vigor de la reforma del Código Penal desde la Ley Orgánica 5/2010, de 22 de junio, y la introducción de la responsabilidad penal de las personas jurídicas se generaliza desde las organizaciones  el cumplimiento normativo (Compliance) a través de la inclusión en sus organigramas funcionales de los Sistemas Compliance.

Juan Pablo Regojo Balboa, Director de la Unidad de Cumplimiento en Grupo Nueva Pescanova

Parece una obviedad: todos están obligados a cumplir, pero ¿Cumple más y mejor aquel que cuenta en su organización con un sistema Compliance?

Todo dependerá de qué alcance le demos a ese “Sistema Compliance” y de las concretas obligaciones de Compliance (de Hard Law y Soft Law) que tenga la organización.

En general, la existencia de un Sistema de Compliance no asegura necesariamente que una organización esté cumpliendo con todas sus obligaciones de Compliance. A sensu contrario, una organización que no cuente con un sistema de Compliance podría estar cumpliendo con todas sus obligaciones de Compliance. Cuestión diferente sería que el contexto normativo que le fuera de aplicación le impusiera expresamente la obligación de disponer de un Sistema de Compliance, con unos determinados requisitos y contenidos y bajo la amenaza de algún tipo de sanción (o la necesidad de su existencia para eventuales exoneraciones o atenuaciones de responsabilidad legal).

En todo caso, como regla general, quien se dota de un Sistema de Compliance ha mostrado, cuanto menos, su voluntad de integrar en su organización una cultura de Compliance (fin último, en mi opinión, que debería tener la implementación de un Sistema de Compliance) y que, además, ha decidido hacerlo de acuerdo con una determinada sistemática o metodología y de manera organizada y ordenada a nivel corporativo. En este sentido y bajo estas premisas, quien cuente en su organización con un Sistema de Compliance tiene, en mi opinión, más probabilidades de cumplir “más y mejor” y, sobre todo, de una manera más eficiente y eficaz.

Además de lo expuesto, que una organización cuente con un Sistema de Compliance ofrece muchas ventajas; entre otras:

En el contexto de la responsabilidad penal de la persona jurídica vigente en España (entre otras jurisdicciones de nuestro entorno donde existe ésta o figuras análogas), le facilitará acreditar en sede judicial (llegado el caso) que la organización disponía de un modelo de organización y gestión en el que se prevén medidas de vigilancia y control idóneas para prevenir el delito que se hubiera supuestamente cometido en su seno, en su nombre y en su beneficio directo o indirecto o para reducir significativamente el riesgo de su comisión.

Ayuda a minimizar los riesgos reputacionales.

Genera confianza en las relaciones con los Grupos de Interés (Stakeholders).

Aumenta la competitividad de la empresa frente a otros operadores en el ámbito de la contratación pública y privada o en la obtención de subvenciones o ayudas públicas. En este sentido, cada vez son más las organizaciones que pueden exigir a sus proveedores que esté dotado de algún tipo de Sistema de Compliance. En el ámbito de la contratación pública, por ejemplo, la existencia de un Sistema de Compliance podría determinar la concurrencia de la excepción al régimen de exclusiones previsto en la Directiva 2014/24/UE de 26 de febrero de 2014, sobre contratación pública (artículo 57.6 “Motivos de exclusión”, Sección 3 “Selección de los participantes y adjudicatarios de los contratos”).

¿Como se ha de construir el Código ético en el seno de cualquier organización, son imprescindibles “luz y taquígrafos”?

En el proceso de diseño y elaboración de un Código Ético para una concreta organización influyen muchos aspectos, tales como su tamaño, el sector en el que opere, su modelo organizativo, la mayor o menor dispersión geográfica de sus operaciones y empleados, etc. Todos estos aspectos han de ser tenidos muy en cuenta a la hora de fijar los contenidos, diseñar y crear un Código Ético empresarial.

En este sentido, defiendo un enfoque basado en los concretos Riesgos de Compliance que se hayan identificado en una organización (un enfoque basado en el riesgo o “risk based approach”). Si una organización hace el esfuerzo por identificar adecuadamente cuáles son sus específicas obligaciones y, consiguientemente, sus principales Riesgos de Compliance, le será más fácil determinar qué contenidos deberá tener su Código Ético y con qué nivel de especificidad y concreción deberá enunciarlos.


"En todo caso, considero que hay un contenido mínimo que debe estar presente en cualquier Código Ético empresarial"

En todo caso, considero que hay un contenido mínimo que debe estar presente en cualquier Código Ético empresarial: desde aspectos más generales (alcance, ámbito de aplicación, interpretación, seguimiento y control de su cumplimiento, consecuencias de los incumplimientos, etc.) a otros más sustanciales como la descripción de los compromisos y principios de actuación en materia de derechos humanos y laborales, sostenibilidad y medio ambiente o lucha frente a cualquier forma de corrupción pública o privada, entre otros. 

El resto de elementos o contenidos de un Código Ético dependerán, como digo, del enfoque basado en los concretos Riesgos de Compliance identificados por la organización. 

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